Rompiendo una lanza “a favor” de Microsoft

Vaya por delante que, como bien saben los lectores habituales de este espacio o incluso de redes sociales como microblogs, esta entrada crítica no es una declaración pro-Microsoft, sino anti-”anti-Microsoft”, que es un matiz diferente. Además, nótese el entrecomillado del título. Y es que, estoy cansado de esa visión demoníaca del gigante de Redmond y de cómo la cultura popular y la presión del pensamiento de grupo ha hecho que mucha gente pierda el objetivismo y la razón. De cómo cualquier cosa que haga, sea lo que sea, es mala y no reporta beneficios (incluso para el software libre) más allá de lo que hace.

Unos me llaman polémico, otros loco, e incluso fan de Bill Gates (que sí, me declaro fan de su gran labor filantrópica con la Fundación Bill y Melinda Gates, ya que nos ponemos), cosa que no me importa en absoluto. Si todo eso quiere decir implícitamente “dice cosas que no se corresponden con lo que pensamos y decimos grupalmente”, están de enhorabuena, ese soy yo y es cierto, ya que no consiento que nadie me diga cómo debo de pensar sin haber pasado antes por el dictamen de mi conciencia y experiencia. Sé que esto se llenará, muy posiblemente, de críticas, usuarios anti-Microsoft de lo más variado, y demás gente que no sepa separar las valoraciones de ideas y productos del resto de acciones y que han hecho esa mala fama (muchas veces justificada) de Microsoft. Lo tomarán del modo que no es porque no han hecho una valoración para consigo mismos y por lo tanto, no alcanzarán a comprender el propósito de este artículo. Estoy harto de que por sistema y por el simple hecho de defender el software libre y de código abierto, tenga que oponerme a Microsoft y no pueda valorar algunas de sus acciones, ideas o tecnologías, como si de un estigma de tratara. Me importa tan poco esas valoraciones, que dedico esta entrada en mi blog para exponer la otra cara de la moneda: el objetivismo hacia Microsoft y el despojarnos de esa visión acomplejada ante su influencia.

No se trata de defenderlo a capa y espada porque no se puede, sino de darle méritos cuando se lo merece asi como críticas cuando es necesario por cuestiones obvias (como ya se hice alguna vez). No podemos negar el pasado, y tampoco podemos negar cosas que ha hecho y hace MS para potenciar su lugar de privilegio en el mercado informático. Las causas de ese liderazgo han sido más o menos justificadas por un hábil proceder en una época y condiciones totalmente diferentes a las actuales, y bastante tiránicas en los últimos años, a costa de querer seguir manteniendo una porción de mercado estáticamente, cuando el propio mercado y mundo de la informática ha ido evolucionando y cambiando con el paso del tiempo. Esto que dije se puede aplicar a todo, tanto en productos como en políticas mercantiles o similares. A comienzos de la informática de consumo, el negocio era el hardware, más tarde lo fue el software, y en los últimos años vemos como parece que de nuevo el negocio ha cambiado: vuelve a estar en el hardware, en los dispositivos, y añadimos también los servicios de internet de todo tipo. Las cosas cambian, las condiciones también, y por tanto las críticas deberían ir enfocadas en el contexto que se dan. No se trata por tanto, de defenderlos o atacarlos por sistema, sino de valorar de manera adecuada lo que ocurre con su influencia y acción más allá de esa idea errónea de que el tiempo, las condiciones y las épocas son estáticas y universales para todo.

Parece que no se puede decir que últimamente Microsoft ha hecho un buen trabajo en sus productos (por lo general). Parece que no se puede decir una valoración positiva hacia Microsoft Security Essentials (todo un acierto), de Windows 7 (que a pesar de que no me gusta como funciona y que ya sé donde se esconde la “trampa”, no deja de ser un buen sistema operativo), de la originalidad e innovación con la interfaz Metro (aunque de dudosa utilidad como escritorio convencional, tal y como quieren poner en Windows 8 en su versión normal), la “superbarra” (cuyo funcionamiento parece que tiende a imitarlo algunos plasmoides de KDE), de sus posiciones más neutrales con respecto a Linux (por interés, por supuesto… ¿y quién no?) o incluso del excelente Internet Explorer 9 (y próxima versión 10, esperemos).

Es en éste último caso, cuando más gracioso me resulta las críticas inmediatas. Decir que Explorer 9 es un antes y un después en ese explorador, y que el uso que le he dado y mis diferentes pruebas le confieren, para mí y más alla de su motor y su escasa compatibilidad con cosas como Acid3, como el mejor navegador web de la actualidad, a términos de diseño y usabilidad. Todo (el espacio, la posición de los elementos, el funcionamiento de éstos, las funcionalidades, etc) ha sido excelentemente bien pensado y puesto en práctica por el equipo de Redmond. Ni que decir tiene su visión hacia un rendimiento excepcional de HTML5, el futuro de la web, y que en IE9 es prácticamente lo mejor que podamos encontrar. Comparado con otros IE, esta edición es sencillamente superior y rapidísima.

Con esto no quiero promocionar (ni aprobar porque sí) sus productos, sino cuestionar el por qué. ¿Por qué no se aplica “al César lo que es del César”? ¿Por qué esa vergüenza y presión a admitir lo que está bien (que no significa apoyar y aprobar todo)? ¿Por qué desarrolladores y diseñadores se enorgullecen (o casi) de imitar los “vanguardistas” diseños y funcionalidades de Apple y Mac OS, pero niegan o le avergüenza decir su inspiración en cosas de Microsoft (si es que llegan a hacerlo)? ¿O por qué dejan que se pierdan ideas maravillosas como una interfaz de navegador web similar a Internet Explorer 9, debido a esa presión y vergüenza desproporcionada y nada racional? Son sólo ejemplos, pero podría continuar con bastantes cosas más de ese estilo.

¿Por qué no alegrarse y pensar un “es mejor que nada” cuando sabemos que Microsoft contribuye con software de código abierto a cosas como Linux? ¿Por qué no alegrarse de que, debido a la presión de los nuevos tiempos y supremacía del software libre, Microsoft se haya visto a forzar una posición más moderada con respecto a él (aunque sólo sea por puro interés)? ¿Por qué no ver que eso, por muy amoral que nos parezcan sus causas, como una oportunidad y símbolo de fortaleza y no como una amenaza?

Son muchas preguntas, y muy pocas las respuestas. Y peor aún, las pocas que hay, son siempre las mismas: no han cambiado en todos estos años. Siguen repitiendo cual disco de vinilo rayado un “Microsoft es un monopolio”, “Microsoft sólo quiere ganar dinero”, “Microsoft no quiere tu libertad” y todos sus sinónimos. Es lógico que lo haga por lo que es, aunque su condición lógica no exculpe precisamente todas sus actuaciones. Podríamos sacar los trapos sucios de empresas (y grupos de software libre, sin ser necesariamente empresas) que nos resultan más simpáticas como Red Hat, Canonical, Google, Mandriva y la antigua Novell y escandalizarnos por cosas realmente curiosas. Y sin embargo, eso no ocurre. El simple hecho de ser una empresa que trabaja en pos del software libre le confiere un halo de intachable… siempre y cuando no se acerque a Microsoft, claro está. Existe esa doble moralidad que no lleva a ningún lado y no beneficia a nadie, más allá de que prefiramos usar unos productos u otros, acorde con nuestras ideas o necesidades.

Muchos quieren apertura en el software libre, una apertura que dicen que no coincide con esos gurús y nerds retraídos de los comienzos de la era del software libre, pero conservan todas las malas costumbres de éstos. Dicen abrirse al software libre, dicen abrir el código, dicen defender el código abierto, pero a la par cierran la mente. Se venden ante la idea propagandística que se proclaman dueños morales de éste, y pasan de no comulgar con el software propietario a atacar vorazmente y sin compasión todo aquello que no sea libre, y más aún si es de Microsoft.

Han sabido alabar por sistema todo lo que es libre (aunque sea reinventar la rueda y vaya a caducar en 4 días) pero han perdido la facultad de decir “no me gusta que sea no libre, pero debo reconocer que…”, como algunos ya hacen con el navegador web Opera. Han perdido la facultad de ver inspiración en lo de Microsoft como si de otra compañía o grupo se tratara, perdiéndose así ideas muy buenas. Han perdido una visión más positiva con respecto a los avances que MS ha dado en un acercamiento más neutral ante el software libre (aunque sea por interés, nos sigue beneficiando), viéndolo como una oportunidad de todo tipo. Han perdido la capacidad de, en ese ámbito, quedarse con lo bueno y no fijarse en lo malo. Han perdido, en definitiva, una condición de ser libres que no va asociada a la licencia del software que usan. No han ampliado ni mejorado su ética: sencillamente la han vendido por la que le sonaba más bonita e idílica y han tomado como verdad absoluta el “si todos dicen que esto es así, será que es verdad”. Y lo peor de todo a un nivel máximo: no han hecho nada por elevar la autoestima y autoimagen del software libre a pesar de que la actualidad demuestra su competencia o incluso superioridad, sino que siguen contribuyendo al status quo del “somos unos perseguidos y proscritos, todos nos atacan”.

fuente : http://ext4.wordpress.com/2011/11/02/rompiendo-una-lanza-a-favor-de-microsoft/

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